Llegan prospectos, pero el seguimiento vive en la memoria del equipo
El problema ya no es atraer. Es que cada cotización viaja entre correos sueltos, el WhatsApp personal de un vendedor y una planilla que nadie actualiza.
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Las cotizaciones se mandan por correo y quedan esperando. Nadie definió cuándo ni cómo volver a contactar.
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La conversación con el cliente vive en el WhatsApp del vendedor. Si esa persona no está, nadie puede retomar.
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No hay etapas comunes: cada vendedor gestiona a su manera y los criterios viven en su cabeza.
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Para saber cuántos negocios hay abiertos, alguien tiene que armar un reporte a mano. La respuesta llega tarde.